

PREFACIO
¡Ring, ring!
¡Ring, ring!
—¿Aló? ¿Quién habla?
—Alexander, ¿no reconoces mi voz?
—Disculpa, acabo de despertar —me dijo mientras aclaraba la garganta.
—Soy Louis Patrick, tu examigo o exmánager.
—Louis, que sorpresa, no creí…
—No llame para escuchar disculpas, mucho menos para ofrecerlas —interrumpí— Te tengo una increíble noticia…
El pobre estaba completamente desorientado, pero logró escucharme. Aunque al principio no estuvo del todo convencido, mi propuesta hizo que se replanteara todo.
—Entonces, ¿qué piensas?
—No lo sé… —expresó con duda.
Hubo un breve silencio, y lo entendí. Llevaba mucho fuera de los reflectores; más tiempo lamiendo sus heridas que figurando en los charts. Digamos que llevaba más años siendo un vago recuerdo que noticia.
—¿Quién, en su sano juicio, contrataría a un remedo de cantante como yo?
—¡Yo lo haré! —respondí inmediatamente.
—Siempre has creído en mí —su voz sonaba con vergüenza.
No se equivocaba. Desde que lo firmamos en la discográfica, supe que no era el mejor cantante, ni el más carismático, pero era una de esas personas que irradiaba arte por donde lo miraras. Uno de esos casos extraños, uno en un millón. No necesitaba más de lo que ya tenía.
—Alex, ¿qué tienes que perder cuando ya lo perdiste todo?
Mis palabras, más que dagas punzantes, fueron como agua fría: directas y necesarias. Después de esa frase, aceptó mi propuesta: nos reuniríamos para hablar de un último espectáculo, uno para despedirse de este mundo artístico de la manera correcta.
La fecha estaba programada para el seis de octubre. Nos quedaba poco tiempo, menos de un año para prepararlo todo, y un Spotyfx Behind the Story era la plataforma perfecta para despedir a un artista como él.
Ahora solo tenía que convencerlo.
—Prepárense para un concierto que los llevará a conocer la piel de un alma herida a través de la nostalgia: una historia de amor con un final infeliz… aunque eso depende de quién escuche la historia. O bueno, sean ustedes los jueces.